Vacaciones II: San Gil


A Barichara pueden llegar 2 mil personas un fin de semana con festivo y en Semana Santa o Navidad unas 3 mil. Hoteles hay de todos los precios, desde los 80 mil pesos por noche, predominando en las calles turistas extranjeros y de estratos altos que viajan desde el centro del país. Cuando fuimos grababan “Un verano en Venecia” producción del Canal RCN, que pese a no triunfar en el rating, mostró la majestuosidad de este bellísimo municipio de piedra, monumento nacional, con una hotelería de primer nivel representada en hoteles como el Aposentos o la Casa del Márquez. Imposible encontrar habitación sin reservación previa en temporada alta. Ténganlo en cuenta antes de partir.

De esta hermosura de pueblo para turismo adulto o romances bucólicos, emprendimos el regreso a San Gil, dejando atrás el Cerro de los Cobardes, para ser llevados por los rápidos del río Fonce. En San Gil el caldo de arepa y una porción de carne parece el plato típico a cualquier hora, en todos los restaurantes lo ofrecen. Nuevamente el taxista, tecnólogo hospitalario que dedicó 18 años a trabajar con el Estado, aclaró nuestras inquietudes con su alegre trato. Como el viaje fue en Semana Santa, nos llevó al Santuario de Nuestra Señora de la Salud, programando después el desplazamiento al Valle de San José y a Charala a una cabalgata por entre cafetales y cañaduzales que nos hizo recordar nuestro Cundinamarca. Al siguiente día los deportes extremos tenían reservada toda la programación.

No soy avezado en entretenimientos de aventurera, menos amo el peligro, pero ahí estuve, entregado al desafío contra la fuerza de la naturaleza, tratando de avanzar por el Fonce sin que la embarcación se volteara y sus tripulantes fuéramos arrasados por la furia de los rápidos. Son 5 las empresas registradas que ofrecen rafting y parapente, con atención profesional para los arriesgados. Todo es controlado y previo a embarcarse en la aventura es obligatorio tomar un curso corto en el que se le enseña a los novatos marines trucos básicos de salvamento y de conducción de las canoas. Luego viene el encuentro con el agua y 120 minutos en el recorrido corto y hasta 4 horas en el largo, luchando para llegar en buen estado al final del apasionante paseo y haber encontrado divertido el encuentro con grandes olas, esquivar piedras y no salirse del encrespado cauce.

En las noches, para seguir enamorados de la naturaleza, irse de rumba a la discoteca Afrodita, a un kilómetro del pueblo, un lugar construido entre las rocas de una cascada del río, mágicamente espectacular, es el mejor plan. Esta zona de Colombia tiene todo para competir en el mercado del turismo con cualquier otro sector: buen clima, capacidad hotelera y prodigios naturales como el parque el Gallineral, el cañón del Chicamocha, el río Fonce, obras construidas por el hombre como Barichara y un buen número de atractivos que vale la pena disfrutar. Volveremos…

Vacaciones I: Barichara


Recomendadísimo, empacar ropa deportiva, tener disposición para un largo viaje por entre montañas exuberantes, subiendo hasta perderse en las nieves emparamadas de la cordillera oriental entre Boyacá y Santander, antes del descenso para una parada relajante en Socorro, donde ya se percibe agradable el caluroso clima templado del escenario de paz y tranquilidad donde culmina el recorrido. Llegamos en una noche religiosa a San Gil, allí tomamos un taxi hasta Barichara, toda una aventura histórica la que nos dimos con aquel hombre de fino humor santandereano que sirvió de guía, tan cordial que le invitamos a cenar acompañado de la esposa. Durante el recorrido de 20 Km., en suave ascenso por una carretera muda, enculebrada y segura, nos contó pormenores de la vida en la región del asesinado político Luis Carlos Galán, de personajes ilustres, habló del Presidente Belisario Betancourt que encontró allí el mejor escenario para su poética, y una vez al mes viaja al pueblo de Aquileo Parra. Sin embargo, él se jacta de sus compañeros de niñez, de los que cuenta sin detenerse para respirar —de aquí son varios lideres guerrilleros, entre ellos Pablo Beltrán, el eleno, él era un destacado estudiante en el colegio y la universidad, nunca hizo trampa jugando canicas ni con el trompo, era un señor, su padre era maestro de obra, la mamá profesora. Por aquí vino hace como 10 años, pero uno no se puede boletear con él para evitar problemas. Aunque Pablo es de los pocos ideólogos que perduran en la guerrilla, es mejor cuidarse. Él no es un hombre de plata, su lucha siempre fue en contra de las desigualdades. Una novia del Mono Jojoy también es de aquí, Alias Gabino nació en Socorro—. Lo freno para hacer la pregunta lógica ¿nunca lo invitaron a irse al monte? —Ellos respetaban a los compañeros, además, si me hubieran tentado tampoco me hubiera ido, yo prefiero la vida buena, después de 30 años sigo enamorado de mi esposa, para que más problemas, con ella es suficiente—.

Luego de aceptar la curiosa ilustración, pasamos al asunto de nuestro interés. Hablando del costo de vida me salió al paso con un dicho. Se vive bien en estos pueblos, es fácil comprobarlo en el trato de las gentes, en la amabilidad muy natural con que se atiende al forastero. Hay personas que llegan a los 108 años, sin estrés, sin ladrones, comiendo bien lo consiguen. Entrando a Barichara, cuando hemos tomado la primera calle empedrada de un pueblo de noches brillantes de oro, nos recomienda comer cabrito en el restaurante que lleva el nombre del municipio. Sin detenerse a dar detalles de a donde nos lleva, fue dando la receta del cabrito —es cocinado y luego lo asan a la brasa—. Prosigue con más recomendaciones —En el valle de San José tienen que comer chorizos y carne oreada, sazonados con guarapo, tienen que ir al parque el gallineral y al chicamocha, nuestro cañón del Colorado—. Me atravieso en el relato para indagar por el quehacer de las personas cuando no hay turismo. —Se toman el guarapo que es para los chorizos— resalta, —los berraquitos trabajan en cultivos de tabaco para acelerar el cáncer, los otros esperan que regresen los turistas. Aquí ladramos y en otro lado ya ni ladran. No se hace mucho pero se logra sobrevivir felices—.

Plenitud

Se puede estar huyendo del pasado, aventurarse a escapar de las responsabilidades, evaporarse de un lugar, esconderse, pero la memoria no acepta caminos de salida, ni secretos, ni oscuridades. Habitar penas en la mente, cargos de conciencia, dolores espirituales, envidias, odios, locuras que no sean del propio dominio, pecados mortificantes, moralismos pesados, imposibles de dominar, perjudicadores de la minima tranquilidad, es atenerse a permanecer muerto en vida.

Para fallecer y caminar sin sentido antes del disfrute de los placeres humanos no nací, no fue esa la materia de la que me hicieron los padres míos. Aunque carezca de un alto sentido de asombro y pocos lugares o edificaciones hechas por el hombre se roben la amplitud de mis pupilas, acepto con regocijo el encanto de la naturaleza, los empedrados incas, los caminos muiscas, la ardiente llanura, la melancólica caída de la tarde sin encontrar el lugar cierto donde el cielo y el mar se hacen uno, la sierra, las nieves perpetuas de los andes, el infinito que representa el polo sur, las organizadas cadenas montañosas europeas. Amo a mis pares, a las mujeres que desinhiben mi alma, suspiro ante los niños que desconocen maldades peligrosas, a los abuelos de miradas resplandecientes que lo han vivido todo, que encontraron la esencia de la vida, que viven a perpetuidad. Muchos ricos me dan lastima, por algunos poderosos siento compasión, por quienes subsisten en las artes haciendo lo que les gusta, admiración, por los que me aman, amor.

Jamás, aunque he sido victima de ataques de muy mal gusto, de actos delictivos, teniendo claro el sentimiento de quien esta a segundos de recibir un balazo en la cabeza o el maltrato producido por el asaltante que tembloroso sostiene un arma contra mis testículos, jamás he sido capaz de odiar, de pedir a los dioses el mal a los demás, no puedo, mi alma buena me impide sacar el malo que tengo. Afortunadamente, ante una bofetada pongo la otra mejilla, sabiendo que sentirá mayor dolor quien me ataca al no encontrar en su oponente reacción violenta o vengativa. No sé, difícil saberlo cuando el corazón actúa con sentido pacifico, si habré debido enviar algún golpe, así la respuesta contundente del peleador contrario aterrizara esta humanidad contra el piso en repetidas ocasiones, o si ante una alocución de malas palabras me faltó escupir unas, o si ante el menoscabo de mis derechos menoscabar los del otro hubiera servido de algo. En este ser bueno no habitan sentimientos diferentes al amor, la justicia, la libertad, la tranquilidad, la búsqueda del bien común. Quienes esperan en mi un contrincante, búsquelo en otro lugar, provocándome hallaran burlas y en sus almas un dolor mortífero, una rabia endemoniada que les evitara vivir.


Perseguido en la red

El día en que la pujante lucha de los imposibles con que se edifica la realidad del sentimiento es reconocida y obtiene uno de las más meritorias declaraciones, la maldad de los politiqueros ataca con furia. Cuando se tiene que buscar culpables ante los fracasos, el sondeo se concibe en todos los escenarios imaginados menos en la propia persona. Al tratar de subsanarlos o agónicamente recomponerse pretendiendo el último respiro glorioso de los moribundos, se ataca a inocentes. También a mi me pasó, dice la ranchera, el viernes 23, mientras celebraba las victorias del corazón, en paseos por clínicas y bancos, me fui enterando por voces autorizadas y respetables, de la utilización de mi identidad para desprestigiar procesos cívicos del municipio al que me debo, situaciones que ya tendré oportunidad de aclarar con el apoyo de las autoridades, para demostrar la persecución en mi contra por quienes han sido incapaces de fortalecerse espiritualmente o son presa de la mortal avaricia o de la envidia y sus fracasos los pretenden enmendar responsabilizando a terceros, con practicas rastreras pero de una inocencia tan básica que no dejan de ser irrisorias.

La felicidad de un tema personal se mezcla con la burla ante la miseria de unos mediocres perdedores. Solo a manera de comentario confieso a esta pagina que en el futuro leeré con la misma risa que la redacto, que a finales de septiembre alguien creo una cuenta de correo electrónico con mi nombre y desde esta falsa personalidad enviaron un documento al ente regulador de la televisión en Colombia, diciendo que yo dije unas palabras que jamás pronuncie, no con el propósito de perjudicarme, sino con la bajeza de atacar a 700 familias socias de una asociación de televisión comunitaria.

Recientemente leí en El Espectador la historia de los nuevos Sherlok Holmes de la informática, no salidos de la imaginación de Sir Arthur Conan Doyle, sino de los laboratorios forenses en los que se rastrean a los delincuentes que operan en Internet. En ese momento no pensé que pronto los tendría de socios; el instante llegó y será apasionante narrar más adelante el descubrimiento de los que atentaron contra un pueblo, utilizando mi identidad de manera fraudulenta para beneficiarse ellos al saciar su avaricia de poder, haciendo creer a los demás que yo, el crucificado, sin poder alguno, los llevé al purgatorio.

Campañas: Negocio de prepagos

Cuando las ideas son precarias se desarrollan atributos altarnos, en una actividad que debería ser intelectual, de aptitudes académicas y sociales. La política es para hombres de habilidades gerenciales puestas al servicio de lo público, personas sin otro interés que el poder para servir, estudiosos entregados a la formulación de proyectos de desarrollo para ejecutar o promover en los periodos para los que son elegidos. No otro debe ser el propósito.

El anterior postulado causa risotadas entre los dedicados a usufructuar el erario público en beneficio personal, quienes por estos días inician la temporada de compras de curules al Senado y a la Cámara. Ellos, los politiqueros, con mayor astucia que Aliro Villamizar, han preparado la caleta de billetes para derrotar a los otros politiqueros. Saben que contra los honestos no tienen opción, y que el circulo de los decentes es reducido y de pocos votos, ya que compiten con inteligencia tras los electores de opinión, por convencer a los votantes que aun piensa al momento de elegir, que en una nación respetuosa de lo público no tendrían porque luchar con ese otro tipo de escorias sin principios, pero esto es Colombia, la realidad es una y lastimosamente varios buenos perderán derrotados ante los poderosos delincuentes electorales.

En un país donde es normal hablar de prepagos, de prostitutas, de mafiosos, de traquetos, de paracos, de guerrillos, de contratistas corruptos y mandatarios corruptos, y demás males de la nación, los candidatos de estos delincuentes, de la misma calaña, salen a los barrios, a las veredas, dan cerveza, trago, carne, regalos, ofrecen puestos, contratos, compran líderes.

Es un negocio de prepagos donde no se requiere ser feo o bonito, mujer u hombre para poseer buen precio por ayudar a uno u otro aspirante. Se vale según el caudal electoral. Los que se prometen al mejor pujador lo saben. Un concejal amigo, electo con mil votos, a quien invité a reunirse con un candidato al Senado trabajador, sin mañas o de pocas mañas, me puso de razonero —Dígale al hombre, que para ayudarle necesito 5 millones, qué sí me los da podemos hablar—. Obviamente no dí la razón, pero seguro habrá alguien que le pagara ese monto y otros que le ofrecerán más. —Esta barato, 10 cobran por mi tierra— me dijo un conocido que trabaja para un parlamentario conservador.

No tienen escrúpulos, son o se asocian con delincuentes para obtener el éxito anhelado, invirtiendo en campañas más de lo que percibirán por honorarios en los cuatro años de congresistas. Esa plata se recupera, no se preocupan, así como ellos, consideran que todo politiquero tiene alma de meretriz, caros o baratos poseen un precio, es cuestión de saber negociar. Lastimosamente es así. Y lastimosamente, como putas que son, se venden a varios, para escoger al que mejor los manoseó. Que asco.

Esa clase de parlamentarios no es útil. Tras ganar se olvidan de sus putas de barrio y las vuelven a buscar a los 4 años, a la siguiente campaña. Esas gentes, sin capacidad para proponer una idea, para convencer a otro con un discurso, en una charla, son los culpables de que este país sufra el rezago del subdesarrollo. Téngalos en cuenta para no apoyarlos. Piense en su futuro. No haga parte de este vil negocio. En todos los partidos hay algunas personas buenas, fíjense en ellas y dignifiquemos la política.

Quietud… miedo…


En siete meses analizando el orbe detenidamente, encuentro una quietud sin sentido en todo lo que acontece, semejante a la que viví de niño y a la que aprendí en los libros de historia. He leído diariamente varios periódicos, colaboro con periodistas analizando temas internacionales, veo noticieros, escribo noticias, arrastrado por la calidad compré la suscripción de El Espectador para mejorar el dialogo con los buenos escritores que allí narran los acontecimientos del día a día (falta un poco de atención en la tipografía). Muertos, gobiernos fétidos, mentiras, suciedad, traen todos los medios, la sangre atrae a los consumidores de información, siendo el alimento de las nuevas generaciones y nutriente de las ya maduras que fijo, con toda seguridad lo digo, tienen un pariente cercano o lejano asesinado en medio de este conflicto mundial fraccionado. El planeta es destruido por los desechos de la industrialización capitalista desmedida y por las heces que enorgullecen a los politiqueros al ser expulsadas de sus bocas, representándose en aumento de sus capitales mal habidos. En la guerra los ganadores nunca accionan el gatillo, ellos colonizan, firman escrituras de propiedad, cobran.

No vale la pena la vida, eso parece, la muerte provocada esta en las conversaciones de todas las sociedades: —Viste que mataron a fulanito, que un padre mato a su hijo, que en medio oriente se están matando por el petróleo, viste que se matan en Colombia por el narcotráfico, y que me decís de Caracas, o de la tragedia de los indígenas, o tan joven que murió el soldado y Pepito que estaba en la guerrilla y el hermano en los paras, o aquel que vacacionaba donde explotó la bomba, o los muertos por la religión, por el color de piel, por la envidia, por la falta de amor, viste cuantos muertos son llorados mientras lees, y si te metes conmigo te mato siete veces, siete veces, dicen sin racionalizar lo dicho— la vida parece no valer nada, nunca ha sido valorada.

Por momentos, sumido en la impotencia de ver que los corazones son arrasados y las alegrías plenas duran lo que un orgasmo, pienso en explorar el otro lado de la muerte. Pero no me atrevo, se que nunca tendré la valentía para ir un paso delante de la realidad. Por eso escribo fantasías, abstrayéndome en un viaje paralelo al sucio panorama del espejo, sin romper el vínculo atrayente con el momento cruel que usted aprecia como real. Puedo estar parado sobre la muralla China, o en el coliseo Romano, o en el centro de Paris y todo me huele a sangra de inocentes, son lugares comunes, nada tienen de exuberantes con respecto a la esquina de mi casa donde varios han caído muertos, son monumentos al ego forjados por maniáticos guerreros. No me interesa honrar la guerra. Prefiero apartarme de esa enloquecida situación y quedarme en los brazos de la mujer amada, en la risa de un hijo que es cada día más igual a mí, distraerme en el hogar paterno, o simplemente ofreciéndome a construir un mejor país.

¿Qué será del momento en el que los muertos tomen la palabra y narren el final de sus vidas, con la emoción del último suspiro? Ese día, quizás entendamos el significado del vocablo libertad. Los violentos por temor se mutaran buenos y los buenos celebraremos la reconciliación. Algún distraído poeta entonara unos versos celebrando el cambio de sentido de la humanidad, y los pensamientos aquí dejados, serán ilusiones de mentes locas. Algún día los enamorados y los que entonan cantos de hermandad seremos los dueños del destino, y existirá sí cada corazón domina su lado malo y se pone al servicio de la humanidad, rompiendo esta quietud del eterno retorno cada vez peor. La realidad aun no se deja peinar, dijo la Nóbel Jelinek, y sin otra opción, solo queda soportarla trabajando por el cambio.

Suena Led Zeppelin y encuentro justo el sonido instrumental para ambientar el texto.

El Nóbel de la esperanza

El pastor Martín Luther King, recibió el Premio Nóbel de Paz en 1964, reconociéndole su lucha pacifica a favor de la igualdad racial en Norteamérica. Medio siglo después, emergió un sucesor en la construcción de sus sueños, Barack Hussein Obama II, uno de pocos hombres excepcionales que rompen toda premeditación, laureado con capacidad superior para congregar adeptos a sus ideas, envidiablemente endiosada. El Moisés americano, fue apodado recientemente en New Yorker, el llamado a liderar el cambio estructural que esperaba la potencia mundial. Este profeta, ahora, se reconoce con el Premio Nóbel de Paz, justo cuando estudia positivamente la tentativa de aumentar las tropas norteamericanas en Medio Oriente. Contradictorio. Política de guerra no compartida por los pacifistas, actitud imperial no concebida como gesto de paz por ningún analista que haya estudiado de cerca el conflicto que en la región de Asia menor, desató Estados Unidos en la era de los Bush, padre e hijo.

Sin embargo, defensores hay para el sucesor de Roosevelt (1906) y Wilson (1919) en el honor de recibir la distinción de la Fundación Sueca en ejercicio del cargo. Presidentes de la Paz, podría decirse. El Nóbel de literatura José Saramago al respecto consintió: Es posible que comience a decirse que el Premio Nobel de la Paz ha sido prematuro, pero no lo es si lo entendemos como una inversión…Gracias a él tal vez Obama adquiera todavía mayor conciencia de cuanto lo necesitamos.

Ojala y la sabiduría del portugués engalanara la decisión visionaria de los jurados que determinaron ofrecer la remuneración por sus ideales de paz al Presidente Afroamericano. Esperemos que la inversión de frutos y Obama sea quien guarde en el sueño profundo los deseos de expansión armamentista de algunas naciones que fomentan el terror, que emprenda una real lucha a favor de la protección del Medio Ambiente y demuestre, primero desde casa, que es posible el cambio favorable en la enraizada lucha de clases del capitalismo que ahoga en la miseria a millones, mientras unos cientos se ufanan de poseer la riqueza del mundo, que demuestre que su triunfo como negro, es la reivindicación de los derechos de los excluidos, y que en la sangre eufórica de los condenados por siglos, este la resurrección de la dignidad, la tolerancia y la hermandad entre los pueblos, que es la forma menos costosa y eficaz de pacificar el planeta. El hambre se curara más fácilmente, si la nobleza y el espíritu humanitario vivifican a los capitalistas.

El Nóbel de Paz de 2009, le da un cargo mayor al de Presidente de Estados Unidos, ahora será el líder de esta nación mundial descentralizada, llamada planeta tierra, que tanto necesita caminar en el mismo sentido, a favor de la paz.

Hoy es un buen día para honrar las palabras de Luther King: Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma.

Pasajero en trance


Habló con claridad antes de lo previsto en los cánones consuetudinarios de crecimiento; muy temprano, sin perder tiempo en el gateo caminó. Desde entonces, llegar dando pasos al lugar que le fuera posible se convirtió en su actividad favorita. Forjó la independencia en los días carcelarios de la cuna, apasionándose con los encuentros unipersonales en la edad que sus pares añoran abrigar compañía para alejarse de los fantasmas. La escasa actividad verbal y el alto grado de atención le sirvieron para ser el confesor de sus tíos, gentes parcas sin experiencia en paternidad, desahogando en él sus penas y confiándole íntimos secretos para distraerlo, sintiendo tal atención y comprensión en el pequeño, que por momentos rogaban a Dios que jamás creciera.

Cuando dejó la prisión para bebes y el clima de la ciudad lo encauzaba a convertirse en el ser gris que suelen ser los bogotanos, prefirió huir en busca de un sitio agradable para afianzar la personalidad que lo hace el hombre que conocemos. Mamá Carmen no lo pudo acompañar, o no quiso, jamás sabremos, la tarde anterior se turnó para estar el día entero en el hospital. De la mano del tío Roque se trasladó a la ruinosa estación del tren, compraron un tiquete a San Miguel. Mamá Carmen apareció a despedirlo 2 minutos antes de partir. El bus de la Flota Valle de Tenza puso los motores en marcha, mi abuela, con el alma en las manos, observó el carro que se llevaba a su hijo, hasta que dobló al norte en la avenida por la que circulaban los trolebuses del transporte urbano de la ciudad. Al no divisarlo en la distancia, estalló en llanto. El niño, asustado, soportó las 7 horas en el bus, distrayéndose con cientos de imágenes que en su mente se colaron partiendo con él: ideas e historias imaginarias que por momentos lo atemorizaban más que la impresión de viajar sin conocidos a su lado. Sueños de futbolista en los que perdía sin jugar, de piscinas en las que nunca se sumergía, o multitudinarias comparsas que no le agradaban.

Cuando el ayudante del bus, el pregonero y maletero que acompaña a los transportadores, pronunció las palabras mágicas –los que se quedan en San Miguel bajen las maletas– corrió velozmente por el pasillo, saltando los 3 escalones que lo separaban del piso de tierra, buscando a la abuela con la vista. Al localizarla con censores sanguíneos, se lanzó a sus brazos explotando en llanto. El viaje, con sueños cada vez mejor elaborados, con altas posibilidades de existir, lo realizó una vez por mes, durante dos años, hasta que decidió quedarse detrás de nuestras labranzas.

Un día de enero


La vida es un constante viaje sin destino cierto, con un final claro, la muerte. Transitamos por espacios físicos e imaginarios, los segundos fuente elemental del arte de sentirse vivos, los primeros artificios de resignada comodidad. En distintos lugares habitamos o puede que prefiramos la comodidad, ante la timidez del desafío por lo ignorado, y optemos por permanecer en el mismo lugar el extenso periodo que transcurre desde el primer resuello hasta que la respiración se corta. Habrá un lugar para cada quien, en el cual se echan raíces y del que nunca se sale, o al que siempre estemos retornando. Fernando Vallejo, el escritor colombiano radicado en México, ha expresado en éste sentido —quiero morirme en Medellín, en la casa del barrio Boston donde nací. De tal manera que después de haber andado tanto no haya avanzado un palmo—, al mítico goleador de la selección Argentina de fútbol Gabriel Batistuta le oí decir hace unas semanas —uno es del lugar donde están sus muertos—, lo pronunció refiriéndose a la decisión de quedarse a vivir en su provincia natal.
José Jairo, hizo maletas para el viaje, en Bogotá, un día sin recuerdos, echado al olvido ante la escasez de testigos. En torno a la fecha no hay certeza: mamá dice que fue el 24 de enero, aceptando el momento cuando se reconoció colombiano en la Registraduría Nacional del Estado Civil; papá asegura que es el 21; la tía Belén no opina ya que supo de la existencia del sobrino cuando le pidieron gestionar el bautizo, ante la negativa sacerdotal de salvar del purgatorio en la pila bautismal a un hijo de padre desconocido; el tío José Arcángel considera que es el 20, aduciendo, que aquel domingo Carmen, retorciéndose de dolor le pidió acompañarla al hospital —finalmente se marchó sola. No esperó a que me pasara el guayabo. Por eso estoy seguro que ese día nacío— cuenta con duda. Anita, la confidente de la abuela, la fuente más creíble, adhiere a papá, a lo que yo doy reconocimiento, por ser el día en que durante años le he agasajado el cumpleaños. Ha pasado tanto tiempo sin resolver la confusión, aprovechada por el padre mío para celebrar un día con su abuela y otro con su madre. El 20, 21 o 24 de enero, la joven liliputiense de piel morena, cabello corto y voz melodiosa, enfermera del hospital San Juan de Dios, acudió acompañada de su fe a la entidad en la que prestaba servicios laborales. Gladis, una colega amiga que se encontraba de turno, le brindó ayuda y asistió al medico en el parto. No se conocen documentos que corroboren lo dicho, las personas que pueden dar crédito de los hechos murieron. Mi abuela nunca profundizó en el tema. Ella era una revolucionaria sindicalista con deseos de ser madre soltera, justo en el año que el gobierno dictatorial de Rojas Pinilla otorgaba derechos fundamentales a las mujeres. —Los hombres son instrumento—, aseguraba fehaciente —imagínenlos sin pene… no serian nada.

El camino

José Jairo tímidamente se acerca, se detiene, esta en el punto cero. Me mira fijamente, gira y camina lento, satisfecho con las enseñanzas ofrecidas a su compañero de viaje, el de la fila 80, puesto 811, quien en la catarsis que permite respirar y sentirse vivo, deja que sus dedos bailen sobre el teclado en una sinfonía paternal. Danzan sin un destino; abrieron esta bitácora con una idea fija: no existía idea. Es el autor repasando un cúmulo de recuerdos embriagantes que le hacen querer a su padre por sobre todas las cosas. La mente consigna la invitación al estilo que desarrolla un bloguero, un modelo de escritura menos elaborado que el pretendido en otros escenarios. Escribo para el deleite personal. Dar golpes contra el teclado o marcar las huellas de la mente con un lápiz es el mejor medicamento que encuentro para evitar la locura contagiante de este mundo que no esta cuerdo, es la obsesión de inmortalizar en un texto lo que siente un anónimo, en este caso por un padre anónimo. Me refiero a las enseñanzas de un ser bondadoso y comprensivo, que ha depositado tantas historias en su hijo, que vale la pena honrarlo bailando con su propio ritmo en 80 giros.


En mi niñez y adolescencia compartimos días enteros, padre e hijo, sin testigos, iluminados por el sol veraniego, salpicados por la furia de aguaceros diluviales o impulsados por los ventarrones que enfrentando a la cordillera oriental se hacen mansos. Por llanuras, valles y montañas hundimos huellas de botas o de zancas de caballos, sobre las de otros que madrugaron antes para robarle velocidad a la lenta noche. En los interminables trayectos hablábamos de la vida del abuelo Manuel que no conocí y de la abuela que falleció en el 86. Otros días los amores con mamá y la desaprobación de la familia Beltrán a la unión entretenían las jornadas, yo preguntando y él respondiendo ágilmente. Si por alguna extraña razón las mentes se nublaban guardando temas para otro día, entonábamos vallenatos: él los silbaba, yo no se silbar, yo cantaba o tarareaba, si es aceptable decir que mi desafinado grito es comparable con el canto. Silbaba rítmicamente, mientras feliz recorría los poteros detrás de los novillos para purgarlos o simplemente para tener una charla de motivación con ellos. Cada res se identificaba con un nombre, les contaba que yo seria el amo después de su muerte, a los 87 años, la edad que despidió a la abuela María Olaya. A esa edad ha pensado morirse papá. Con los mismos años de la mujer que lo crío, quien le llamó José Jairo ante la imposibilidad de pronunciar su nombre registrado cuando extraviaba la dentadura postiza. Él amó a la abuela por encima de mamá Carmen, nunca lo ha aceptado, sólo su confidente puede tener la certeza.

Música en familia

En el año del cumpleaños número 20 de la Tuna Estelar de Gachetá, se hace justicia al reconocer el ejemplo de unidad familiar que personifica esta organización musical. La familia Beltrán, don Miguelito, el mayor, sus hijos María Eugenia, Miguel Ángel, Humberto, más los hijos de estos, han afinado y soportado en la estructura hogareña los acordes de la Tuna, alimentados por la hedónica felicidad que representa sentir el caluroso abrigo del ritmo y de serle útil a una población ampliando sus lenguajes de identidad. Si el amor por el arte tiene alguna representación exclusiva de belleza, una debe ser la imagen de varias generaciones ofreciéndose a la construcción de imaginarios desinteresadamente. Otros núcleos familiares los han acompañado en la persistencia de disfrutar los gloriosos placeres de la vida, Pacho Ríos y sus hijos, por citar uno de tantos ejemplos en dos décadas haciendo del encuentro con el ritmo y el tono una hermandad de paisanos de un alto valor personal, dados con la claridad y pureza del agua en botella a ensayar las melodías del corazón en el hogar de los Beltrán, la casa de la Tuna, y a representar a un pueblo en los escenarios donde son acogidos como diestros maestros de este tipo de cofradías musicales.

A cientos de kilómetros, en Barrancabermeja, en el núcleo del Magdalena Medio, bajo el auspicio del ángel de la guarda Francisco de Roux, se desarrolla un ejercicio de integración familiar, académica y cultural pero sobre todo de amor, muy similar al gachetuno. Gestores sociales constructores de cultura de la Fundación Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, decidieron crear un grupo musical donde no se requiere saber de música, la simple intención de instruirse es requisito para ser aceptados. Allí se enseña el manejo de los instrumentos hasta enfrentarse al público como acto de graduación. El conjunto de la Fundación sería uno más de no ser por el ingrediente que lo hace especial y vigoroso. Es obligatorio que los padres y los hijos formen parte del proceso pedagógico. El arte constituyéndose en escenario de encuentro genera amplios vínculos afectivos en la familia. Es maravillosa la imagen entusiasta de una madre que trabaja toda la semana, el sábado en la tarde, reunida en el mismo salón de clases, sentada al lado de su hijo aprendiendo a tocar el violín, y debe ser aun más agradable y sublime que esa madre o padre y ese hijo en casa repasen lo aprendido para luego integrase con las otras familias a darle vida a un tema musical.

Estos dos ejemplos de grandeza significan amor, un modelo fácil de aplicar, no oneroso, benéfico en valores y principios para una sociedad que en este siglo veloz no se da tiempo para una charla entre padres e hijos o para sentir la vibración del sonido en la piel.

Foto: Miguel Beltrán, Tuna Estelar de Gachetá

La canción del sendero


Con La Canción del Sendero me encontré en la madrugada del martes 15 de septiembre, en repetición del programa El Espejo de Canal Capital. Es un cortometraje nariñense ganador del Festival Internacional de Cine de Pasto. Su director es Víctor Hernández, de quien no se nada. Hablo entonces de lo que ví. Aprecié una obra cargada de dramatismo, de esperanza, reflexiva. Un padre y un nieto tatuando recuerdos para evitar que los días se acostumbren a la tristeza, en la espera del militar que salió una mañana de casa a servirle al país y hoy se halla condenado a podrirse en la oscura selva, preso de una guerra sin sentido que destruye a los inocentes de la forma más cruel, aniquilándoles la mente. Prefiero ver este tipo de producciones videográficas a desgastar las horas en textos sosos de liberados estrato 6. En las familias campesinas de mujeres cocinando en estufa de leña y hombres de manos callosas, como la del soldado Rosero, el prisionero de La Canción de Sendero, esta la verdadera imagen de la tragedia que tiñe de gris al sol de Colombia. Es que ellos, los pueblerinos, las personas fuera del poder, sin otra riqueza que los sueños, nacen inocentes, sin avaricias desmedidas, sin envidias, pero esa nobleza los vuelve pelota de trapo que patean los bandos en conflicto, de un lado a otro, intranquilizándolos, empobreciéndolos, secuestrándolos, desplazándolos, matándolos.

En mi, que he trochado zonas rurales del país aportando para que renazca la paz y la prosperidad merecida por los humildes inocentes, qué desciendo de agricultores, qué he soportado el conflicto armado en las narices, y grande que la tengo, genera mayor sensibilidad la expresión artística que los espectáculos del profesor Moncayo y símiles actividades pretendendiendo el apoyo popular que presione la libertad de los secuestrados.

No creo que Víctor Hernández pensara en un movimiento cívico contra el secuestro cuando imaginó el tema de su película, el compromiso primario del creador es consigo mismos, con la liberación de los espíritus que le dominan la conciencia, expulsados en el proceso creativo para no enloquecer. Sí después, algún Fabio Parra encuentra sentido social en la cinta, es consecuencia de un pensamiento común que los marca y genera familiaridad entre el espectador y la obra. Las victimas necesitan permanecer despiertas en las mentes de todos para no morir y conservar la esperanza de la justicia y la libertad.

A esta hora no tengo forma de invitarlos a un lugar cierto para ver el cortometraje, no se donde encontrarlo. Fue el amor que me hace despertar a las 4, el camino a disfrutarlo en el canal público de Bogotá. Si les interesa verlo, escríbanle a Felipe Moreno Salazar, el dueño de “El Espejo” un sueño de promoción del cine local que se construye a diario, tan difícil como hacer cine en la patria de Gabo. Su correo es: elespejo@gmail.com.

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